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viernes, 11 de agosto de 2017

FANTASEANDO EN EL CERCO


No se puede, no se debe perdurar en el desconsuelo…Es imperioso extender las alas e ir en busca de la confianza para beber la dicha hasta atiborrarse.
Se impone prescindir del pretérito mandato que deroga las ilusiones, que encharca las risas, que silencia melodías destempladas de faringes vejadas. Hay que reparar las cuerdas vocales enmohecidas por años que saben a siglos, para expeler el rugido y que estalle en un ¡Basta, no soporto más la prisión, la presión, la ausencia de oxígeno! Apatía…inapetencia…indiferencia…
Sin embargo está escrito mi destino, y aunque el miedo me someta y mis sentidos se extravíen en pasajes sombríos, llegará el momento en que me quite la cincha que prensa mi cráneo tornando obtusa la razón. Sí, está decidido,  tomaré coraje para separar los párpados y admitir que este derrotero  por el cual peregrino, no es lo que quiero y si yo no quiero es porque no debo. Comienzo a comprender que NO es NO, sin ambigüedades, sin frenos ¡Basta de auto-imposiciones que resultan de preceptos caducos!
Cuando ose mirarte a los ojos, cuando mis labios se despeguen, cuando mi presencia se agite  ante ti, para despojarse de las migas de compasión, he de decirte:

-¡Deseo algo más que tu desdén! ¿Has notado el brillo en mis ojos?

Me dirás que sí, que hay un inofensivo resplandor que expone la decencia de mi esencia pero no es así. Si tuvieras el valor de resistir mi mirada, advertirás que ese brillo proviene de lágrimas…
Presta mucha atención pues hoy te digo adiós, derribo las murallas, abandono el disfraz de dócil orfandad, me niego al descrédito ¡No más humillación! Te diré adiós para siempre…
Una meta no muy remota me aguarda más allá de este confín. Hay la esperanza concreta de conocer el sentido del vocablo sinceridad.

Cuando me atreva a mirarte a los ojos, cuando mis labios se despeguen, cuando quite las migajas de altruismo que me ungen…A lo mejor… ¡Qué sé yo!…Es sólo un desvarío…

miércoles, 2 de agosto de 2017

EL AULLIDO DEL INCA

De este lado de la pradera, justo aquí, exactamente en el área en que me hallo, caen bolas de fuego que colapsan las entrañas y laceran la cordura. El aire no es aliado que acalle la agonía. El oxígeno, que resulta insuficiente para dilatar mis pulmones, se alía con el fuego potenciando su dominio; es entonces que la fiebre aumenta, la piel blanca se atrinchera en busca del color canela. La garganta se reseca pero quiero rugir, quiero y necesito gritar:

-¡Ayúdame, Señor! ¿No comprendes que ya no soporto esta sequedad? Dame de beber ¡OH, Dios! ¡Que la lluvia aplaque esta sed!

Allende la pradera, vislumbro los cerros que ocultan mi sagrado tesoro; que para ellos son escombros, y para mí, el recinto donde mis huesos han de reposar.
Allí ha de llover, siempre llueve en los cerros. Lluvia que refresca, lluvia que complace, lluvia que mitiga los ardores. El sol se asoma pocas veces, más no es abrazador, el sol es amigo y cómplice; concede el brío que requiere mi esencia mutilada.
Lágrimas, cual trozos de cristales que desgarran las retinas, brotan de mis ojos sedientos para hidratar esta capa fina que cubre mis pómulos esculpidos con cincel de bronce. Los cerros, los cerros, allí no habrá espejos que encandilen la razón.
¿Pero cómo haré para atravesar la pradera sin profanar el césped, sin remover los pétalos de las flores que presuntuosas se enarbolan destilando aromas, obsequiando colores? ¿Cómo traspasarlo sin que lloren los pimpollos, retoños de otoño que buscan primaveras? ¿Cómo haré si no tengo alas que me trasladen a los cerros donde el aire es puro y la brisa tibia?
Si fuera un gigante, si mis piernas fueran largas como río de aguas calientes que arrastra en su cauce contaminación impregnada de sangre, sangre que aun emana de la joven montaña y también de la antigua… Años que son siglos, siglos de quinientos años que evocan la aniquilación de la savia del longevo árbol que escapó de sus raíces… Si mis  piernas fueran sólidas como piedras talladas que se ensamblan proporcionando vida a la pira que devora vidas para alimentar a imaginarios titanes, pira en que inmolar es delirio de ídolos que prometen…
Si tus manos fueran elásticas, si pudieran extenderse y llegar hasta mí, saltaría el abismo, las cordilleras, las aguas tormentosas, incluso la pradera, sin pisar retoños, sin pisar el césped, sin pisar las flores.
Si tus manos alcanzaran las mías… Pero no se puede, tú no puedes, yo no debo…
Apenas cinco hálitos me quedan. En cinco segundos que es casi un lustro, todo habrá acabado.
Debo intentarlo, nada pierdo, si ya nada queda de este lado. Aridez, fatiga, ausencia de oxígeno, hastío. Sólo eso, y no es bastante.
Déjame inhalar las postreras moléculas, permíteme expandir los lóbulos, reservorios de existencia. Aguarda que tome valor y pegue el gran salto. Aguarda, aguarda, tal vez, me broten alas y consiga elevarme más allá de este plano. Saltar el barranco o sucumbir en la tentativa. De todos modos, ya estoy muerta. Creo…

Ilustración: "VIAJA CON EL VIENTO PLEGARIA MÍA"
Artista Plástico: Oswaldo Mejía
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